

¡No nos cansamos! Y tampoco entendemos. Todos los días recibimos noticias de gente que queda postrada sino muerta y familias rotas o totalmente extinguidas. Y aún así, seguimos sin respetar las normas de tránsito, o sea, seguimos permanentemente atentando contra la vida de otros y la nuestra. ¿Cuál es la excusa para tremendo exterminio? ¿Es un problema de lectoescritura? ¿Tan fácil es conseguir un permiso para conducir? ¿Todos juegan al "Don Pirulero"? Los jueces corruptos, la policía o los agentes de tránsito ignorantes, la irresponsabilidad nuestra de cada día y la constante falta de respeto que nos tenemos unos a otros pueden combinarse en un coctel mortal del que nadie quisiera beber, pero que todos probamos, amargamente.
Recuerdo haber presenciado una charla de la agrupación civil "Luchemos por la vida" en una escuela, con adolescentes de entre 17 y 20 años, y me pareció tremendo el vacío que hacían ante las preguntas y propuestas o datos que daban las encargadas de la charla. Pero estos chicos andan por la calle, manejan y salen y toman, entónces, por qué no atienden? ¿Cuándo pensarán hacerlo? ¿Cuánto más nos falta pasar? Antes que el efecto invernadero, los ríos contaminados y los delincuentes nos maten, nos matará negligencia y desinterés por el bien común. No aspiro a una tierra de "Madres Teresas" y "san Franciscos de Asis", pero estaría bueno que la pequeña diferencia que existe entre el resto de los animales y nosotros se note en nuestras acciones.